Nostalgia

¿Qué pasó con las entradas de papel en las fiestas electrónicas?

Soy una romantizadora serial del pasado. Obvio que la evolución nos facilita muchas cosas, pero también nos aleja de lo físico, en muchos sentidos. Igual, acá venimos a hablar de los tickets específicamente.

El QR llegó para quedarse hace muchos años ya. Todavía me acuerdo de la primera vez que llevé una entrada digital impresa a una fiesta en Paraná y pensé: “Esto es malísimo, muy incómodo, no va a funcionar”. Claramente estaba equivocada.

Entiendo que este cambio reduce significativamente la falsificación y los residuos. Además, beneficia a los colgados que pierden o se olvidan de las cosas.

Pero el papel tiene un no sé qué que me cautiva: comprar una entrada y sentir con el tacto algo que en un tiempo se va a convertir en un recuerdo.

Más que solo un ticket

Imagínense que tengo una caja llena de objetos, cartas, fotos y tickets de muchos de los eventos a los que fui. Cada tanto la abro y me quedo horas revisando cosa por cosa. Me encanta ver cuánto salían los eventos en su momento, ver los line ups, acordarme de los venues que ya no existen más y volver a reírme con las anécdotas que me trae a la cabeza.

En los eventos de música electrónica eran bastante estándar los diseños, pero tengo guardadas algunas joyitas. La Vela Puerca, por ejemplo, se la re volaba con las entradas. Algunas eran autoadhesivas y tenían los diseños del disco que presentaban, con acabados en plateado. Una locura. Creo que salía más cara la impresión que cualquier otra cosa del show.

Uno de los tantos tickets que tengo guardados, Nick Muir en BLue, Rosario.
El Ticket más viejo que tengo guardado de una fiesta electrónica.

Conseguir la entrada también era parte del plan

Algo que inevitablemente pasaba era que tenías que encontrarte con el pública o ir hasta el local que las vendía. Eso, admito que era una paja bárbara, pero también era parte del show en cierto punto. Mi novio lo describió como una misión secundaria en un juego. Me da risa esa comparación porque creo que lo describe perfecto. No es parte del evento en sí, pero es algo que había que hacer para poder ir a la fiesta.

Me acuerdo de ir a la Plaza Pringles en Rosario para ver si encontraba a un tarjetero, de caer a la puerta del evento para ver si vendían entradas o terminar “haciendo puerta” y escuchar desde afuera la música.

Hoy en día te llega un PDF genérico al mail con un QR y, encima, si lo querés vender tenés que hacer tremendo bardo a veces. Discúlpenme por romantizar el pasado, pero yo siempre voy a preferir el papel.

¿Ustedes siguen guardando las entradas?

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